Se agotan los tiempos (y algo más…)
Publicado el 11. dic, 2009 por luisgallotti en Novedades
Por Susana Merlo
Campo 2.0
11/12/2009
Acaba de cerrarse un nuevo capítulo en el culebrón entre el Gobierno y el campo. Y este último acto de la Mesa de Enlace, si bien superó los números de concurrencia que mencionaban los organizadores (y mucho más, los que esperaba el Gobierno), distó mucho de los mega encuentros del año pasado, dejando en claro que también este “modelo” está llegando al agotamiento y que, a partir de aquí, habrá que encontrar nuevas formas de participación y de reclamo.
Esto, por supuesto, porque se descarta que haya mayores correcciones en el rumbo, más allá de las que la propia realidad económica y productiva va a imponerle al Poder Ejecutivo. Así, la tensión entre las partes, y el conflicto con el interior, se espera que se mantengan como viene ocurriendo desde 2005.
Lógicamente, un lapso tan prolongado termina agotando cualquier opción, y esta parece ser la estrategia de la Administración Kirchner:
por un lado, hacer oídos sordos a los reclamos y las críticas; golpear inmediatamente con amenazas, inspecciones o nuevas medidas, es decir, redoblando la apuesta y, finalmente, especular con el lógico agotamiento y cansancio del que lo enfrenta que, por otra parte, no tiene la misma estructura que el Gobierno para aguantar “el sitio”.
Una especie de esmeril permanente.
Pero esta estrategia, que tan buenos resultados aparentes le dio al Gobierno hasta ahora, sobre todo mientras duraron las excelentes condiciones internacionales (las que ahora parecen estar volviendo), ya no alcanza. Es que hay una diferencia notable entre imponer una decisión y solucionar efectivamente las cuestiones que enfrentan los distintos sectores.
El matrimonio K logró un éxito notable en la primera acepción, pero no solucionó prácticamente ninguno de los problemas que se presentaron y, más aún, generó varios de los que hoy se van acumulando sobre la mesa.
No solo eso. Se gobernó sobre la coyuntura (y el capricho), sin plan estratégico, y eso es letal para sectores productivos que, como el campo, requieren de proyecciones y reglas estables de mediano y largo plazo.
Los resultados, después de 6 años y medio, están a la vista, con una de las producciones más chicas que se recuerde desde los ’80, en prácticamente todos los rubros, y de la que no se puede culpar solo a la sequía (aunque innegablemente, ayudó). Aún queda una posibilidad con la soja, pero “la reina de las oleaginosas”, o “el yuyo”, según quién esté hablando, tampoco va a poder alcanzar el récord de hace 2 campañas, aunque las condiciones sean óptimas de aquí en más, y los pronósticos no indican justamente eso.
Aún así, el nivel de protesta y la virulencia del reclamo distó de los niveles del año pasado .
La pregunta es: porque si los problemas son los mismos o mayores que antes; si la falta de respuestas concretas del Gobierno se mantiene constante; si las expectativas favorables son escasas o directamente nulas, y los productores están disgustados con el Poder Ejecutivo nacional, pero también con varios provinciales, entonces porque el reclamo no es más fuerte aún?.
Y la respuesta, tal vez no demasiado científica, es porque los productores, igual que buena parte de la población, ya están aburridos del conflicto. Siguen enojados y, más aún, preocupados (el último censo recién cerrado, arrojó 60.000 productores menos que el anterior), pero la naturaleza de su actividad es estar en el campo y no en las rutas, o en el Monumento a la Bandera, o en El Rosedal. Ya no. Quieren volver a casa, a hacer lo que saben: producir.
Por supuesto que también les va quedando en claro que ahora, con el esquema actual, es más necesario que nunca participar, aunque no los atrape demasiado, y que ya no se puede dejar alegremente la representación en manos de cualquiera, sea este legislador, dirigente, o presidente. “Los hombres son buenos, pero son mejores si los controlamos”, fue una de las tantas frases conocidas de Juan Domingo Perón.
Ahora el Gobierno vuelve a tener la palabra. Puede seguir en la estrategia del desgaste contínuo y la pulseada, pero corre el riesgo de que cualquier factor adverso, hasta el clima, constituya un nuevo detonante para reactivar la protesta virulenta a pesar del agotamiento que ya muestra el recurso.
Otra alternativa es que, con cierta inteligencia, tomen algunas medidas correctivas que descompriman las tensiones y que, de todos modos, en más de un caso va a tener que adoptar igual forzado por las circunstancias y la realidad. A nadie escapa a esta altura que, por ejemplo, los déficit de oferta en muchos alimentos sensibles comienzan a ser inocultables.
Pero también, la dirigencia va a tener que ponerse en marcha rapidamente, armar nuevas estrategias y consolidar profesionalmente las posiciones y reclamos, o correrá el riesgo de terminar desintegrada por la piedra esmeril del kirchnerismo que, a esta altura, ya cobró no pocas víctimas.

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